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martes, 28 de agosto de 2012

La Rebelión de los Curacas

El Gobernador ya había decidido fundar una ciudad española en tierra Tallán, para eso envió a su hermano Hernando Pizarro a recoger y conducir a los españoles que habían quedado en Tumbes, para poblar con ellos la urbe, lo que a la vez le permitía mantener a su gente reunida y por ende protegida, en esta tierra llena de sorpresas.

Poco después de la partida de Hernando, hacia Tumbes,(aproximadamente  en los primeros días de 1532), el gobernador envió a Hernando de Soto, custodiado por sus hermanos Juan y Gonzalo Pizarro y acompañados de veinticinco hombres a caballo y algunos de a pie, para hacer frente al curaca del cango y a los demás que se habían sublevado. A decir de Juan José vega, en total serian unos sesenta hombres los que conformaban la expedición,  los que constituían un buen número, teniendo en cuenta la cantidad de españoles  que habían en la zona.

Hernando de Soto avanzó río arriba, hasta donde el río la Chira cambia de nombre y empieza a ser llamado Catamayo; cerca de ahí se encontraba Cango, al sur del actual Ecuador. Este pueblo de la sierra, mas incaizado de lo que pudiera estar cualquier potro de la costa. En lo que se refiere a Cango, algunos cronistas confunden Cango con Caxas, ambas expediciones dirigidas por Hernando de Soto, diferenciándose en que en cango hubo enfrentamiento bélico, mientras en la segunda, no. Cango seria el actual Cangonama, ubicado entre el Alamor y catamayo, al sur de Ecuador.
Caxas-entre los muchos lugares con similar nombre, que se encuentran en la sierra piurana- se encontraría "en la confluencia del río Palo Blanco con el de Chulucanas, por la margen derecha de este último".

Los defensores de Cango,Confiados y rebeldes contra los españoles, que los llamaban a rendirse, se enfrentaron  a pelear contra ellos con lazos y boleadoras; mas pronto fueron testigos de la fuerza de las armas de las huestes conquistadoras y cayeron fácilmente derrotados.

Entre los españoles que acompañaron a Hernando de Soto en esta  expedición se encontraron a demás de Juan y Gonzalo Pizarro: Gerónimo de Aliaga, Juan de Berbaran, Francisco de Talavera, Pedro Martín de Sicilia y Pedro de Alconchel.

Con los Curacas de Cango prisionero, con el botín de la victoria y traía consigo algunos indios prisioneros, Hernando de Soto, entró triunfante en Poechos después de cerca de mes y medio de ausencia.

Por los indios prisioneros que trajo de Soto, Francisco Pizarro supo mas de la guerra entre los hermanos Huascar y Atahualpa, estas noticias referidas a los incas que confirmaban su existencia, portaban también la novedad de que "había hallado en los pueblos de estos caciques de la sierra, minas de oro fino". El gobernador dedujo que la tierra que estaba conquistando y que consideraba conocida, se tornaba cada ves mas peligrosa y llena de misterios.

A fin de limar asperezas, con los indígenas prisioneros, Pizarro les autorizó a retornar a sus tierras; pero el malestar que los curacas manifestaban hacia los españoles ya no circunscribía solo a la sierra, ya que en el bajo Chira no todos los que habían jurado fidelidad al rey actuaban de modo coherente.

Según Juan José vega, la toponimia del lugar favorecía la tesis de la existencia de yacimientos de oro, porque aun existe un lugar llamado Chuquiribamba, que significa "planicie de oro fino" en quechua.

El gobernador se entero que los aborígenes del curacazgo de La Chira, se encontraban muy alterados y acaudillados, por lo que Pizarro fue a su  encuentro acompañado de cincuenta jinetes que habían llegado del Cango, dejando la guarnición de Poechos a su hermano Hernando.

Al encontrarse con sus atemorizados compañeros que se habían refugiado en "una Fortaleca que hera huaca de los yndios" ( J.A del Busto, sugiere que el sitio donde se refugiaron los españoles seria La Huaca, lugar ubicado entre Paita y Sullana).

Pizarro hizo averiguaciones y por la información obtenida, que fue dada por ciertos nativos, que ese mismo día el cacique de La Chira y el cacique de Amotape iban a liquidar a los recién llegados. Secretamente el capitán hizo prender a ambos caciques y a sus principales.
Hechos prisioneros los curacas confesaron su culpa, por lo que Pizarro decidió darles un castigo que fuese aleccionador para todos los poblados que, en adelante, quisieran sublevarse.

Del castigo de la Hoguera, se salvó el cacique de La Chira porque "pareció no tener tanta culpa y ser apremiado por sus principales", decidiendo Pizarro que al quedar acéfala la comunidad de Amotape, la gobernaría el curaca de La Chira, hasta que el hijo menor del curaca ajusticiado alcanzase la mayoría de edad.

Para comprender el significado de este suplicio, parea los aborígenes, debemos considerar que para los Incas, la incineración de un cadáver equivalía a impedirle el retorno al mundo de los vivos, vale decir, que es igual a la muerte del cuerpo y del alma.
El mismo Atahualpa, brinda un ejemplo de ese modo de pensar, al preferir ser bautizado antes de su ejecución, par evitar que su cadáver sea consumido por el fuego.

Mientras tanto, Atahualpa seguía intrigado por la verdadera naturaleza de estos extraños peonajes que habían arribado a las costas del Tahuantinsuyo. Una serie de interrogantes circulaban por su mente: ¿Cómo siendo tan pocos han podido  vencer a un numero superior de sus hombres?.
¿En que radicaba la potencia de sus armas? - ¿Eran realmente dioses como sus informantes tallanes insistían en afirmar? y si lo eran ¿Cómo podían morir?-
¿Eran, acaso, solo hombres con características especules?.
Para cerciorarse de la verdadera naturaleza de los recién llegados, Atahualpa envió a Poechos, en su calidad de espía, a un miembro de la nobleza incaica, un indio orejón que se llamaba Apo, para que "fuese a uer a los cristianos y conociese el capitán dellos y biese que gente hera"
El plan del espía se vio ligeramente frustrado cuando no encontró, en Poechos, a Francisco Pizarro,que se encontraba recibiendo a los españoles que llegaban de Tumbes, en su lugar hayó al hermano Hernando, de carácter irascible y poco inclinado a entablar buenas relaciones con indígenas que no comprendía.

El espía, para no ser descubierto, se hizo pasar como comerciante de pacaes y con ese disfraz recorrió todo el campamento, comprobando la veracidad de las sospechas del Inca: eran solo hombres, entre ellos: Juan de Salinas, herrero,que torcía los metales a su capricho, el barbero Francisco López-que quitaba las barbas  y embellecía el rostro- el voltador, Hernan Sánchez Morillo-que gobernaba a los caballos a su antojo- además de los misteriosos equinos, que los acompañaban,descubrió a los perros de guerra que habían llegado con Hernando Pizarro. Apreció entonces que los perros comían carne y los caballos hierba.

Su presencia no paso desapercibida por los curacas aborígenes que "se alborotaron y dejauan de servir, como solían, a Hernando Picarro y a los que allí estauan, del miedo del ynga".
Para poderse acercar mas a Hernando, el espía le llevó un cesto con guavas (pacaes) como regalo, pero el furibundo español "se leuanto muy ayrado y tomándolo de el rreboco que traía puesto, ques el traje tallano, lo derriuo en el suelo y le muchos coces".

Del Busto identifica a este indio como noble orejón llamado Ciquinchara, la denominación de Apo dada por Pedro Pizarro seria un tratamiento que equivale al titulo de señor. 


Historia de Piura: J.A. del Busto- UDEP

















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